La forma de hablar, de pensar, de ser, de Julio Diez Ariaso roza un poco la locura, como pasa con todos lo sabios, está obsesionado con la perfección del arte, lo que le hace trabajar sin descanso con el fin de subir en cada trabajo un escalón más en la escalera de la calidad pictórica. Le gusta conocer gente nueva en cada sitio que va. Es jovial, malicioso y descarado, pero de buenas palabras. Julio Diez Ariaso es, ante todo, un gran tipo, aunque él presuma más de ser "un gran artista".
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