"Brechiano, sapiente unido a lo indefinible, monumental composición. Rafaelesco, revisado por Leonardo y corregido por Fleury y el Visconti. Es el fin final". Con estas palabras define Serge Ponanzqui a Julio Diez Ariaso en Nouvelle Revue Française.
La frase, como tantas otras, la conserva con orgullo en la que, seguramente, será -después de sus pinturas- su joya más preciada, a juzgar por lo que dice hablando de todos esos momentos de la noche parisina en que fueron recogidas las anécdotas que revisten las páginas de su agenda.
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